Flujo de trabajo apoyado en IAG.
Flujo de trabajo apoyado en IAG.

Hace más de dos años, empezamos un proceso de familiarización con los avances que la Inteligencia Artificial Generativa (en adelante IAG) y cómo esta se podría utilizar como una herramienta para optimizar métodos y tiempos para el desarrollo de ciertas actividades. De igual manera, surgieron algunas cuestiones que provocaron grandes y constantes inquietudes, relacionadas con sus formas de uso y las repercusiones adversas que este desarrollo podría generar en ámbitos laborales, académicos y profesionales.

Es importante tener en cuenta que los sistemas de IAG son programas y dispositivos de computación creados por personas que operan tanto en el mundo físico como en el escenario o digital. Estos sistemas perciben su entorno, recolectan e interpretan información, reflexionan sobre el saber, procesan datos y determinan las acciones más adecuadas para lograr metas concretas, ajustando su comportamiento, para responder a las necesidades y expectativas de quien las utiliza.

Aunque hay diversos debates y posturas respecto a las implicaciones éticas relacionadas con el uso de las IAG en ámbitos educativos (tema de vital importancia que trataremos en otro momento), es muy importante reconocer el potencial que estas herramientas tienen. Estas herramientas pueden optimizar el tiempo de producción de materiales educativos, los procesos de planificación y las tareas administrativas. Esto deja espacio, tal vez, para la producción académica e investigativa. Incluso se puede dedicar más tiempo para perfeccionar la pedagogía y la didáctica, dependiendo del ámbito educativo en el que se desempeñe el docente.

Pero muchos se preguntarán: ¿cómo lograr optimizar las tareas administrativas y operativas para dedicar mayor tiempo a lo pedagógico, didáctico e incluso a lo disciplinar? La respuesta tal vez la encontramos en la forma como está organizado el trabajo docente, los distintos frentes que se deben atender y, desde luego, el apoyo tecnológico que utilizamos para responder a los objetivos y propósitos trazados. Planificar un flujo de trabajo probablemente es más común de lo que pensamos; sin embargo, evaluar qué tan eficiente es, no lo es tanto.

Cuando hablamos de un flujo de trabajo, nos estamos refiriendo a una secuencia de pasos o actividades, las cuales, al estar organizadas, dan como resultado un producto determinado. Por ejemplo, cuando nos proponemos construir un contenido educativo, debemos generar una planificación y una serie de pasos que dan como resultado un producto final. Este proceso demandará una serie de etapas, las cuales, aunque pueden diferir entre persona y persona, también tienen puntos en común como la dedicación de tiempo, esfuerzo para su cumplimiento y las dificultades que cada una de ellas presenta, entre muchos otros aspectos.

Siguiendo con el ejemplo, si el objetivo es diseñar un contenido educativo (presentación, escrito, infografía, video, pódcast, OVA, OVI, etc.), tendremos que generar una planeación. Esta incluirá una fase de concepción de la idea, la creación de bocetos, guiones o libretos (según el caso), producción, edición y publicación. Para no ir muy lejos, en muchas ocasiones, tan solo la fase que corresponde a la generación de la idea nos presenta varias complicaciones. Preguntas como ¿Qué tipo de recurso voy a utilizar?, ¿Qué tipo de diseño será el mejor?, ¿Qué tema voy a desarrollar?, etc., nos asaltan; tan solo es la primera fase del proceso. Esto demanda tiempo, pero, sobre todo, mucha disposición para superar el bloqueo inicial que es natural en todo proceso creativo.

Tipos de IAG-Infografía
Infografía: Tipos de IAG

¿Qué tal un poco de ayuda?

A todas luces, los docentes nos hemos acostumbrado y hemos construido nuestros propios métodos de trabajo, los cuales, en su mayoría, son conservadores y complejos. Tal vez, en busca de la rigurosidad, reducimos las posibilidades de flexibilidad en nuestras metodologías, negándonos la posibilidad de explorar nuevos métodos y herramientas que contribuyan a destrabar lo urgente, para dedicarse a lo importante. Pensar que las herramientas no harán un buen trabajo por nosotros es acertado. Sin embargo, es importante aclarar que las herramientas nunca harán el trabajo por nosotros, sino que más bien son un soporte que optimiza nuestra producción en virtud de los objetivos propuestos y nos liberan de cargas que en muchos casos se convierten en un lastre que no permite avanzar hacia el propósito.

Las herramientas de IAG, llegaron para apoyarnos en el desarrollo de nuestro trabajo y, más aún, llegaron para quedarse. Entender la vida laboral, académica y hasta personal sin IAG ya no es posible, muy a pesar de las resistencias que se puedan generar en algunas personas, ya sea por cuestionamientos morales, éticos o profesionales. Empezar a generar un proceso de adaptación nos permitirá reconocer las posibilidades que este tipo de tecnologías nos ofrece para organizar el trabajo, generar contenidos personalizados y de calidad, apoyar los procesos de investigación científica y académica y procesar grandes volúmenes de datos, entre muchas otras tareas.

El propósito de esta iniciativa editorial no es que usted se convenza de las bondades de la IAG. Para ser honestos, la idea es que usted se dé la oportunidad de probar alternativas y llegar a sus propias conclusiones. Teniendo en cuenta que la IAG es una tecnología con mucha potencia y que nos plantea a diario nuevas y diversas formas de aplicación, al igual que nuevos y permanentes desafíos para resolver problemas y situaciones. La IAG está al servicio para la solución de problemas complejos y la automatización de procesos. Sin embargo, es preciso hacer un llamado para que su uso esté guiado por principios éticos y responsabilidades que protejan desde todo punto de vista la integridad y seguridad de las personas, evitando sesgos, actitudes discriminatorias y otros riesgos.

En este punto es válido hacerse la siguiente pregunta: ¿cómo la IAG puede ayudar a optimizar mi trabajo cotidiano?

La IAG tiene como característica fundamental su funcionalidad y practicidad a la hora de crear contenido (textos, imágenes estáticas y en movimiento, audio, etc.), dejando abierta la puerta a novedosas oportunidades para producir todo tipo de contenido en función de cualquier propósito, especialmente si este propósito es educativo.

Así las cosas, pensar en una forma de organizar el trabajo apoyado con herramientas de IAG es completamente posible en el mundo actual, especialmente si conocemos las herramientas y optimizamos su funcionalidad. ChatGPT es tan solo la punta del iceberg de un gran bloque de posibilidades que facilitan procesos de organización, planificación, investigación, producción, evaluación, etc. Pero más allá de ello, el aspecto más importante radica en la forma como interactuamos y exigimos a la herramienta. En otras palabras, si le solicitamos a ChatGPT o a cualquier otra herramienta que produzca un esquema de planificación para el desarrollo de un contenido educativo, sin duda lo hará, pero será genérico y no va a atender la especificidad de nuestro requerimiento.

De esta manera, podemos ir resolviendo uno de los cuestionamientos más comunes a la hora de utilizar la IAG como recurso de apoyo para realizar algunas tareas y tiene que ver con la posibilidad de que la IAG realice las tareas por nosotros. Pero en este punto, hay que ser mesurados a la hora de lanzar estos juicios, teniendo en cuenta que, si yo no le indico a la IAG lo que debe hacer con exactitud, producirá algo similar, pero nunca igual a lo que se requiere. Esto puede ser motivante o preocupante dependiendo del punto de vista desde el cual se mire. Sin embargo, mientras resolvemos los cuestionamientos y las inquietudes éticas, podemos aprovechar las herramientas de IAG para el desarrollo de diversas actividades. Esto quiere decir que, si no tenemos claridad frente a lo que queremos o necesitamos en función de nuestro trabajo o producto, la herramienta nos dará como resultado cualquier cosa que no necesitamos.

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